martes, 20 de enero de 2009

Petróleo argentino, el precio de la discordia entre extractoras y refinadoras


Pareciera que no fue más que ayer que el precio del petróleo West Texas Intermediate (WTI), el que durante años tomó la argentina como referencia, tocó el pico histórico de u$s 147,25 el barril el 11 de julio pasado. Pero luego al mundo se le fundió el motor del crecimiento, por lo que ese precio se derrumbó ante las perspectiva de una consecuente menor demanda de combustibles. Ese mismo WTI llegó a perforar los u$s 33 antes de navidad, su nivel más bajo desde el 29 de junio de 2004. No obstante, la volatilidad marca la tendencia y nadie sabe a ciencia cierta cuál será su precio en una semana, y menos en un mes o dos meses.
Así fue que siete días después los bombardeos israelíes en la franja de Gaza y la creciente evidencia de que la OPEP está recortando su oferta, dispararon la cotización en torno a los u$s 40.
Igual, paradoja del destino mediante, la misma resolución 394/07 que le puso un techo al precio del petróleo argentino cuando los valores internacionales empezaron a dispararse en 2007 es la que hoy promueve que la Argentina tenga el petróleo más caro del planeta, aunque nadie sabe hasta cuando. Y en medio, se incendiaron las relaciones comerciales entre productoras y refinadoras en la inflamable época de vencimientos de contratos de compra venta del oro negro.
Así es, porque en la última semana de diciembre la casi totalidad de los documentos en que se convinieron a fines de 2007 el precio, el volumen y las fechas y condiciones de entrega dejaron de existir, con el agravante que el derrumbe de precios internacionales ha arrancado el mecanismo establecido en la resolución 394/07 que indica que el Gobierno se tomará 90 días “en caso que a que el precio internacional del petróleo fuese inferior a u$s 45 por barril“ para “determinar los porcentajes a aplicar“ que definirá la alícuota de los derechos de exportación. De esta manera, mientras ya corre el plazo de los 90 días, no hay forma de saber con seguridad hasta el día 91 cuál será el valor de corte que el Estado marcará y que sirva de parámetro para el mercado interno. Una situación muy distinta a la de fines de 2007 donde el valor de corte fue establecido en 42 dólares para el petróleo tipo Escalente (el más pesado que se produce en la Argentina) y que sirvió de base para el resto de los crudos que a medida de que sean más livianos más caro se pagan hasta los u$s 47.   
Mientras, los tironeos y aflojes empezaron con el objetivo del que venda lo haga lo más caro y el que compra lo adquiera barato. 
En esta contienda, entre las vendedoras de crudo están Pan American Energy -de la inglesa British Petroleum y de la local Bridas-; las estadounidenses Chevron y Oxy, y las locales Tecpetrol (Techint) y Pluspetrol, y entre las segundas están Shell y Esso. Un bando aparte son las llamadas integradas -producen, refinan, distribuyen y comercializan- Repsol YPF y Petrobras, aunque deben comprar parte del crudo que las plantas necesitan para funcionar a pleno de su capacidad instalada porque con la propia producción no les alcanza.
“Se da el absurdo de que un barril de petróleo crudo pesado argentino está valiendo en su puerto de carga igual que un crudo liviano de buenas características en el Golfo de México“, había advertido el presidente de Shell Argentina, Juan José Aranguren, en una entrevista publicada por revista Fortuna y que encendió la mecha de la polémica.
Pero desde la vereda de enfrente, una fuente del sector productor que pidió estricto off the record le contestó a Aranguren: “Ven los últimos 15 minutos de la película donde el precio fue superior al internacional pero se olvidan que durante las primeras dos horas del largometraje compraron el petróleo más barato del mundo” y recordó que “desde 2002 cuando el entonces presidente Eduardo Duhalde puso las primeras retenciones a las exportaciones de petróleo la Argentina viene fijando sus propios precios internos desenganchados de los valores internacionales y que el precio actual de u$s 42 fue acordado con ellos en el contexto de la resolución 394/07 tras arduas negociaciones”.
En esta puja, las refinadoras no están dispuestas a pagar a las productoras un precio de u$s 42 el barril de crudo pesado y u$s 47 dólares el barril de crudo liviano, y le advierten al gobierno nacional que de no cambiar la normativa vigente importarán. Y aseguran que si se derogara la resolución y volvieran las negociaciones entre partes el precio del petróleo caería cerca del 44%. 
“Digamos que la situación actual convirtió la alternativa de importación en una opción que puede ser atractiva frente a la resistencia de productores locales a bajar el precio del crudo en el mercado interno. En estos momentos se da la paradoja de que en la Argentina los Refinadores pagamos 50% más por el crudo pesado que aquel que el Productor recibe antes de descontarle las retenciones. Si incluyéramos éstas, la diferencia sería del 120%“, explicó Aranguren ante la posibilidad de empezar a importar crudo. 
Desde el sector productor creen que amenazar con la importación es una manera de presionar al Gobierno con el costo político de dejar de ser autoabastecidos para que acomode los precios a la baja, pero creen que la respuesta de la Casa Rosada podría ser el arancelamiento de las importaciones petroleras. Es que en estas ecuaciones hay dos variables políticas importantes: la necesidad del fisco nacional de recaudar con las retenciones y la necesidad de las provincias petroleras que reciben regalías de entre el 12% y 15% de los u$s 42 a u$s 47 en que se comercializa el crudo en el mercado interno. 
Pero no es todo, las refinadores aseguran que la suba del dólar también las perjudica porque abarata el combustible en las bocas de expendio locales en relación a los valores internacionales. Para ellos la ecuación es clara: si compran el petróleo local en dólares y venden sus derivados en pesos la rentabilidad se achica. Analistas del mercado consultados por Fortuna indican que con el 75% del costo ocupado por la materia prima es muy probable que algunos precios de la canasta de productos que elaboran las refinadoras hoy estén por debajo del precio del petróleo que pagan para producirla. Y en la comercialización local de combustibles al consumidor final hay que tener en cuenta, por ejemplo, que por cada peso vendido de nafta super las petroleras se llevan el 46,2%, el estado el 45,4% a través de distintos impuestos -en especial el impuesto a la transferencia de combustibles (ITC)- y las estaciones de servico el 8,4%.
Al preguntársele si esa era la realidad, Aranguren confirmó que “es totalmente cierto, ya que a estos precios del barril de petróleo y combustibles en el mercado internacional, las paridades de exportación -afectadas también por la funesta Resolución 394/07-  de los productos que el país no consume internamente han descendido hasta márgenes muy negativos, lo cual provoca que el ingreso generado por la canasta de productos vendidos caiga por debajo del precio que paga el refinador por cada barril de petróleo crudo“.
Desde las productoras también se escuchan argumentos. Alertan que con un valor menor a los u$s 40 el barril buena parte de los pozos que hoy se explotan en la Argentina dejarían de ser rentables, al tiempo que aseguran que “necesitan ese precio para que haya el suficiente cash flor que les permita seguir e incluso aumentar la producción ante la desaparición de la financiación bancaria dada la crisis internacional”. 
Por el contrario, el ex secretario de Energía de la Nación en la Presidencia de Raúl Alfonsín y actual titular del Instituto Argentino de la Energía General Mosconi, Jorge Lapeña, señaló que “no es cierto que si el precio del barril perforara los 40 dólares los pozos dejarían de ser rentables. Sólo hay que remitirse a los balances de las empresas para saber que aún cuando el precio del barril ha estado entre los 10 dólares y los 20 dólares han tenido ganancias. Y el precio ha estado en un promedio en los últimos años del orden de los 15 dólares“.
Por lo pronto ya hubo una señal del Gobierno hacia donde podría encaminarse la nueva política y hacia donde se inclinaría la balanza cuando, a fines de noviembre, las productoras de petróleo, el Estado nacional y los sindicatos firmaron un acuerdo que especifica que la gremial acepta suspender las negociaciones paritarias a cambio que las empresas sigan con sus inversiones. Pero lo que quedó explícito y no está siquiera en la letra chica del documento es que el Gobierno se habría comprometido a crear las políticas que induzcan a mantener e, incluso, a incrementar el precio de venta del petróleo en el mercado interno para financiar las inversiones. 
Fuentes del mercado afirman que Pan American Energy -con el 17% de la oferta y segunda productora- lleva la bandera para obtener incrementos que alcancen al menos el valor local de u$s 47 en su versión Escalante. “En verdad la empresa que gerencia los Bulgheroni no hace más que llevar adelante una idea que nació hace meses cuando se dispararon los precios y que sigue estando vigente en nuestro sector“, señaló un ejecutivo de unas de las compañías que confirmó que en su momento se habían iniciado las negociaciones con las refinadoras para retocar el valor pero no lo hizo como tampoco negó al pregutársele si aún hoy siguen las conversaciones. 
Sin especificar claramente si se refería a estas negociaciones, Aranguren contestó ante la requisitoria de Fortuna sin aclarar si era o no Esso que “un competidor ha manifestado públicamente que le ha dejado de comprar petróleo crudo a Panamerican Energy, porque cuando le solicitó una renegociación de precios que atienda a la nueva realidad a la baja del mercado internacional, recibió como respuesta que el precio que debía pagar de ahora en más era levemente superior” a los u$s 47. En tanto aclaró que Shell no el compra a Panamerican Energy y que sus proveedores son “Chevron, OXY, Tecpetrol, Pluspetrol, CAPSA, Wintershall, Apache“. Consultada Esso sobre los dichos de Aranguren no se obtuvo respuesta.
No obstante fuentes de la producción han afirmado que Shell estuvo negociando con Panamerican Energy al menos durante tres meses este año, negociación que, por otra parte, habría terminado con un portazo por parte de todos los negociadores.
Algunos actores del mercado petrolero vernáculo afirman que Aranguren apunta contra Panamerican Energy por ser la principal productora de petróleo entre las no integrada, por lo que es la primera en negociar tanto el crudo Escalante que obtiene en la cuenca del Golfo de San Jorge como el crudo liviano Hidra que obtiene en sociedad Total Austral y sus socios Wintershall Energía en la Cuenca Marina Austral, en yacimientos off shore frente a Tierra del Fuego. El resultado de esas negociaciones es tomado por el resto de las petroleras como parámetro.
Sobre esta política de precios que llevan adelante las productoras Aranguren respondió: “Las integradas producen para su propio consumo, no venden petróleo crudo en el mercado interno. En cuanto a las no integradas, normalmente hay una que lidera las posturas más intransigentes de precio y luego las otras tienden a posicionar sus precios en base a la primera. Muchas veces hemos dicho en este sentido que el formato de mercado no es lo transparente que debiera ser, y de hecho en oportunidades las empresas refinadoras hemos tenido que pagar aumentos homogéneos en el costo de la materia prima, no necesariamente vinculados con variables de mercado y/o regulaciones existentes, como ocurriera en junio pasado“.  
Con este clima empezarán los encuentros entre los responsables de comercialización de cada empresa de cada sector con el fin de fijar los valores, los volúmenes y las entregas. Algunas de estas reuniones -en la mayoría de los casos bilaterales con no más de tres negociadores por cada lado del mostrador- con seguridad serán a “cara de perro”, otras posiblemente firmarán contratos provisorios con cláusulas especiales de ajuste a la espera de una definición del Gobierno nacional. 
Y en este contexto se rumorea que Shell ya habría conseguido que le entreguen petróleo con “factura abierta” hasta que haya definiciones gubernamentales en torno al precio de corte y la nueva alícuota de retenciones, que en definitiva influenciará en la cotización del mercado interno. Shell no contestó al consultársele sobre esa información.

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